De todos

David Tenorio

 El homicidio es per se un crimen grave, en lo individual vulnera el derecho a la vida y en lo social lacera la confianza ciudadana en las instituciones, encargadas de garantizar la integridad de los gobernados. El sufrimiento por las pérdidas humanas y la percepción de inseguridad en la población erosiona el capital social.

Los feminicidios agravan aún más el rechazo ciudadano a la violencia, a la agresión en contra de mujeres y lo que estos actos reproducen. El feminicidio evidencia los estereotipos sexistas tanto en crímenes como en la frecuente falta de respuesta adecuada del Estado, en prevención, investigación y sanción de los mismos. Y las consecuencias directas para las familias y especialmente las hijas e hijos de las víctimas.

Los feminicidios incluyen graves casos de desaparición, violencia sexual y asesinato en ciertas regiones de México y Centroamérica, se caracterizan por su impunidad y han sido ampliamente denunciados por diversos organismos defensores de derechos de la mujer.

La denuncia ciudadana y masiva de feminicidios ha dado lugar a la visibilización del fenómeno. La gran fuerza política que ha tenido la denuncia del feminicidio radica en que subraya el carácter extremo de la violencia contra mujeres, que llega a vulnerar el derecho a la vida de las mujeres, vulneración que en gran parte de los casos podría haber sido evitada mediante instrumentos preventivos y de protección adecuados.

La sociedad exige penas más severas. Las reformas legales pertinentes se esperan pero el esfuerzo para erradicarlo debe ser de todos.

Los medios de comunicación tienen un papel fundamental, pues inciden directamente en la forma en que la violencia es percibida e interpretada por la sociedad.

Por ello es necesario establecer criterios mínimos de carácter ético sobre el tratamiento mediático de la violencia contra las mujeres, especialmente del feminicidio. Y mucha educación y valores desde casa.