Giordano Bruno

David Edmundo López García 

La historia que nos ha rediseñado, nos deja espacios que debemos retomar para buscar a los hombres que han sabido enseñarnos, con actos de dignidad -que se aproximan al ideal del héroe- que con su férrea honestidad nos abren el camino del respeto y honorabilidad.

Ya dijeran los investigadores: “hay que ver la historia pero sin lágrimas en los ojos”. Hoy vaya un homenaje póstumo a un librepensador quemado en la hoguera por sus ideales.

Su acto de hombría sigue latiendo como llama lacerante para todos aquellos que acallaron con las llamas del odio y el oscurantismo (prendieron su cuerpo pero liberaron a su alma) y ahora sigue campeando por este mundo silente y amordazado.

Giordano Bruno, astrónomo, filósofo, teólogo, matemático y poeta italiano del siglo XVI, supo con gallardía defender su pensamiento libre y adogmático. Supo brindar una esperanza y una luz a todas las almas atormentadas en la Santa Inquisición que sus crueles carcelarios intentaron acallar y no sabían que a pesar de no ver la luz del sol al amanecer y no sentir el rocío, su alma se desprendía y volaba, surcando valles y llanuras arropando y liberando lo único que los seres humanos tenemos que nadie nos puede arrebatar, aunque nos corten la lengua y nos arrebaten la vista: nuestro pensamiento y nuestras ideas, que vagarán por el valle de los silentes. Pensamiento e ideas a defender: mi verdad aun a costa de mi existencia.

Este ha sido el camino a contracorriente de héroes incómodos que abren un portal que difícilmente mentes pusilánimes podrán cerrar. Las almas puras liberan el sendero y limpian de abrojos para que otros bien intencionados transiten el camino y sean el faro luminoso de almas nobles que nunca han visto el camino de la verdad que guerreros del saber enseñan con su mensaje. Este camino está en nuestro interior y sólo lo transita aquel que sueña y recrea para si un mundo ideal, una quimera.