Pandemia

David Edmundo López García 

Desde la Influenza A(H1N1), no se había recibido un impacto global de tal dimensión como lo sucedido en diciembre de 2019, la provincia china de Wuhan atestiguaba el brote de un nuevo tipo del Coronavirus denominado COVID-19, el gobierno chino, inmediatamente reaccionó para evitar la propagación epidemiológica, desafortunadamente la movilidad mundial permitió la expansión del virus en Asia, Europa y el resto del mundo, la Organización Mundial de la Salud, declaró alerta pandémica con afectación en más de 150 países, con víctimas mortales que ya superan los 10 mil muertos y 250 mil infectados, un estado de emergencia sanitaria que afecta ya la economía mundial.

El Gobierno de México, declaró contingencia en fase 1, con medidas que implican: la suspensión de clases escolares y eventos multitudinarios, la etapa conlleva a permanecer en cuarentena en casa, evitando así la transmisión de contagio a gran escala; en Hidalgo, oportunamente el Gobernador Fayad, definió protocolos, filtros y medidas higiénicas en oficinas gubernamentales, empresas y espacios públicos, además de instalar el “Hospital Inflable” de respuesta inmediata Covid-19, que otorga aislamiento de posibles casos y atención médica en diagnósticos confirmados.

El Gobierno asumió acciones pertinentes ante la situación, los médicos ya están haciendo su parte de filtrar, diagnosticar y aplicar un efectivo tratamiento de recuperación, pero es aquí donde viene lo más importante, asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos con las medidas de prevención personal y familiar.

Finalmente, la pandemia del Covid-19, nos despabila de la indiferencia, nos muestra interconectados más allá del filtro de las redes sociales, devela una realidad que nos afecta a todos, “Quédate en casa” implica hacer una pausa de cuarenta días para fraternizar como raza humana, proteger del contagio a los adultos mayores y personas en condición de vulnerabilidad; además, aprovechar el período para reencontrar la convivencia familiar, desempolvar una afición, habituarse a la lectura, reflexión y espiritualidad, y ¿porque no? hacer una tregua con el planeta que habitamos. (Agradezco a Christian Falcón Olguín para la elaboración de esta columna).