Aportaciones del feminismo a la cultura IV

Amira Corrales

Comenzando el siglo XIX, dice Nuria Varela, con la incipiente democracia naciendo, los únicos ciudadanos eran los hombres. A pesar de haber luchado lado a lado por los ideales de libertad e igualdad, a las mujeres les fueron arrebatados en la creación de la República, y aún peor con la aparición del código napoleónico, surgido en Francia y después imitado en toda Europa. En este, se consideraba a la mujer como un ser carente de derechos, y con una función menor en relación con el hombre: “Matrimonio en contrato desigual: obediencia de la mujer al marido, divorcio sólo en caso de que éste llevara a su concubina al domicilio conyugal, minoría de edad perpetuadas para las mujeres. No tenían derecho a administrar su propiedad, fijar o abandonar su domicilio, ejercer la patria potestad de sus hijas e hijos, mantener una profesión o emplearse sin permiso, rechazar a su padre o marido violentos.” Es de suma importancia conocer estos penosos antecedentes, para pensar en su justa dimensión al Feminismo. Hoy en día, tanto en Europa como en América, las mujeres hemos logrado, a través de una lucha incesante, que el matrimonio nos conceda los mismos derechos que a ellos. Todavía hasta hace poco, en las bodas civiles en México, se leía la epístola de Melchor Ocampo que a la letra dice: “La mujer, cuyas principales dotes son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura debe dar y dará al marido obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo, tratándolo siempre con la veneración que se debe a la persona que nos apoya y defiende, y con la delicadeza de quien no quiere exasperar la parte brusca, irritable y dura de sí mismo, propia de su carácter”. Actualmente, las mujeres (y hombres) pueden pedir el divorcio de su pareja, sin alegar una causal, es decir, basta con que manifiesten su voluntad de disolver el matrimonio, para que el juzgado lo resuelva. Así mismo, padre y madre tienen la patria potestad sobre sus hijos o hijas, a menos que en sentencia la pierdan.

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