La moral

David Edmundo López García

Los hábitos que aprendemos en familia, llenos de buena intención para procurar ser “gente de bien”, con altos valores cimentados en el proceso de crecimiento que nutre la familia, en principio, y reafirma la escuela, cuando es el factor que cohesiona familia-sociedad como un equipo coherente lleno de anhelos y deseos de superación que deben reafirmar a la bella señora la moral, que busca equilibrar a la persona con valores y actitudes que suavicen intencionalmente la violencia que la sociedad genera y se empiece a ganar los valores que dieron paz y estabilidad que ahora han sido rebasados por indolencia o por terquedad y estereotipos que en su momento dieron resultado. Hoy la sociedad tiene nuevos retos o paradigmas que deben ser replanteados porque la sociedad avanzó y se rezagó el gobierno y la escuela como generadora de conductas acordes a los nuevos modelos sociales y educativos. Se debe replantear los enfoques que se perdieron y deben rescatarse: “yo maestro, soy tu otro padre”. Tenemos un ser que debemos construir con respeto, tolerancia y siempre aprendiendo a escuchar y no reprimir; sino escuchar, desahogarse y motivar para que cambie su actitud y aprenda a escuchar y tolerar ideas diferentes a las suyas; siempre con la condición de que es parte de una sociedad que no lo rechace, sino corrija con suavidad sus desatinos; porque no es perfecto, se puede equivocar y reprender su dirección pero siempre con afecto. El amor nace del respeto y si es acogido como uno igual entre sus iguales y el maestro es su guía, su amigo, su cómplice y su fiel compañero en esta aventura de la vida, el alumno verá la existencia de diferente manera y será un ser racionalmente apto para la aventura llamada vida y aprenderá el dulce placer del goce sinfín.