La tarea

David Edmundo López García

Hoy en estos tiempos donde la inercia del confinamiento nos enfrenta al nuevo reto de proteger el clan familiar, ya no hay pretexto: comparto, educo y escucho a mis hijos. Estos tiempos, los tiempos de la enfermedad, debemos hacer lo mejor para lo más preciado que tenemos: nuestra semilla de la eternidad, nuestros hijos, que alguna vez el trabajo y compromisos nos arrebataron. Llegó el tiempo de calidad. Estos momentos no se volverán a repetir. Tenemos un regalo porque “el mal” trae aparejado “un bien”. Debemos recuperar lo más hermoso de la vida, nuestra descendencia; nuestro orgullo que nos permite hacer un paréntesis y escucharlos, saber lo que piensan, lo que sueñan. Rectificar lo que hemos construido en estos periodos de cambios radicales. Ver si tienen valores morales, culturales, afectivos y verificar entonces, si la tarea está hecha o tenemos que aprender a re-escuchar, compartir y seguir el camino que fuimos trazando para analizar hasta qué punto nuestras apreciaciones son correctas o si el tirano descubre que el camino ha sido errado. La vida en este momento nos presenta un panorama ideal para revalorar nuestra tarea de padre, amigo, o cómplice; si es el adecuado o tenemos que hacer los ajustes para rescatar esa empatía que debemos generar y rescatar el respeto absoluto que nuestra familia posiblemente nos ha perdido y ser la figura que tanto anhelan nuestros seres queridos. Los padres son el orgullo de nuestra estirpe, nuestro modelo a seguir siempre con mano de hierro y guante de terciopelo. Pareciera que la crisis nos plantea el fin del mundo para los que están en la trinchera, pero para los de casa, una nueva oportunidad se presenta y podemos apoyar creando la cultura de la prevención. La enfermedad que se previene no necesita cura porque nunca es demasiado tarde si nos anticipamos. Estamos alertas. Nos cuidamos y no tomamos las cosas a la ligera. Enfrentemos al nuevo mundo con sabiduría.