Ni viejo ni nuevo

Andrés Torres  Aguirre

Una de las frases más repetidas de la emergencia sanitaria en México y el mundo, desafortunadamente es: Todo va a cambiar. 

Podrá ser lugar común en los discursos pero es demoledoramente cierta. 

Como lo predijeron  Huxley en su “Mundo Feliz” o Bradbury en “Fahrenheit 451”, el futuro ya está aquí; ante la pandemia y sus efectos colaterales, evidentemente la sociedad entera hablaba de eso pero no estaba preparada para un cambio de tal magnitud.

Un ejemplo de los cambios acelerados que dejará el coronavirus en nuestro país y en Hidalgo es el uso generalizado de dispositivos electrónicos como teléfonos celulares e internet; las aplicaciones u opciones que ofrecen son por su gran número, desconocidos.

Para aquellos núcleos que por desconfianza, dificultades en la conectividad o economía no se incorporen en breve a la red, las consecuencias podrían ser nefastas ya que, retomo como contexto la actual situación, no tendrían acceso a atención médica o estarían aislados en caso de desastres naturales.

En el otro extremo, quienes a partir de la actual situación, asimilen que la comunicación a través de estas modernas vías es fundamental para el desarrollo, no sólo accederán a mejores condiciones de vida sino que impulsarán proyectos que en condiciones «normales» jamás prosperarían.

La pandemia acelerará el aislamiento humano, pero virtualmente formaremos más y más vínculos, comunidades, grupos, asociaciones en donde aquellos que sepan comunicar correctamente, tendrán vetas de oro inagotables.

A principios de la década de los 90, del siglo XX, en Hidalgo, estaban en proceso las primeras generaciones de comunicólogos; quienes contaban con alguna licenciatura relacionada a esa área se habían preparado en otros estados.

El gran debate entre los trabajadores de los medios de comunicación de aquellos años planteaba una diferencia entre los que aprendían el oficio y con base en el trabajo, adquirían experiencia frente a quienes habían cursado las carreras de periodismo o comunicación.

Tres décadas después el debate desapareció pero las diferencias son evidentes. Aún existen medios en Hidalgo cuyas directrices informativas se sustentan en la intuición o peor aún, para no entrar en conflictos de ninguna clase, sus editores dejan a voluntad de sus clientes la elaboración de contenidos y titulares.

La mayoría de los medios en Hidalgo tienen espacio en la red, pero lo hacen por tener «presencia» en este mundo virtual, no porque de verdad entiendan la dinámica que exige esta nueva dimensión.

Los medios de comunicación se expanden a las redes sociales porqué les han dicho que hay beneficios económicos además que resulta muy sencillo abrir una página; pocos tienen una estrategia definida respecto a mercados meta, mucho menos líneas editoriales bien establecidas o dan seguimientos a sus mensajes y los efectos que tienen.

Entrarle a internet de forma tan silvestre tiene consecuencias; la mayoría se pierde en la abundancia de ofertas, no forma lectores permanentes, hay portales en la red cuyo modelo informativo no es sólido y un día escalan a los escenarios del escándalo y al otro se disuelven en nebulosas del desatino.

El futuro está en la súpercarretera del internet, pero la base sigue siendo la misma.

Desde mi perspectiva, adecuarse a las nuevas condiciones de la información en nada se enfrenta con las bases del periodismo. Hay nuevas herramientas, los canales son ágiles, los consumidores voraces e insaciables pero el periodismo sólo tiene dos caras: el que confirma sus fuentes, presenta datos y pruebas; asiste, cuestiona siendo testigo de la sociedad; el otro, ése quién sabe qué sea.

 

 

Twitter: @bamtorre

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