Nadie quiere “la pelotita”

Amira Corrales
Cuando se suscita un embarazo adolescente, o un abuso sexual infantil, por ejemplo, inmediatamente repartimos culpas, y la principal es hacia la niña que no supo cuidarse o a la madre que confió a sus hijos con el depredador sexual, sin embargo, estas fuertes creencias populares arraigadas en los mitos sexuales, los roles tradicionales de género y la cultura machista, donde se considera que el hombre es el ser superior, alimentan estas graves conductas. Quizá alguien más estudiado o con mayor conciencia, señala a la falta de educación sexual como la gran responsable de estos acontecimientos lamentables. Pero como ésta es efímera, debemos buscar un culpable para acallar nuestras conciencias: la culpable es la escuela, por no enseñar educación sexual. Habrá quienes piensen que los responsables son madres y padres, que no hablan con sus hijos de sexo, relaciones de noviazgo, no ponen límites, no les compran preservativos y no acompañan a sus hijas e hijos a pláticas de planificación familiar o con la Ginecóloga. Otras personas dirán que son los medios de comunicación, que deforman las relaciones entre hombres y mujeres, enalteciendo el sexo y el romance. Los más escépticos dirán que es la Iglesia (o las Iglesias) que siguen empeñadas en la represión sexual y en no hablar de sexo. Al final, todas esas personas tendrán la razón. Las y los culpables somos todos, los diversos actores sociales que tenemos como obligación la educación de la niñez y adolescencia, cuando muchas veces ni nosotras mismas como personas, tenemos esa educación, información y conciencia sobre la sexualidad. En unas pocas líneas, les sugiero una lista de lo que hay que comenzar a estudiar y hablar con niñas, niños y adolescentes: 1) El cuerpo: desde edad temprana, niños y niñas deben conocer su cuerpo, explorar el sentido del tacto, conocer el nombre de sus genitales, su localización y su funcionamiento (es decir, para qué sirven) de forma correcta (niños pene y testículos, niñas vulva, clítoris, vagina; ambos el ano). 2) El placer: aun desde jóvenes, nos relacionamos directamente con el placer corporal, y es en la infancia cuando aprendemos…

 

CONTINUARÁ

 

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