Educación sexual, ¿para qué?

Amira Corrales

Continuando con el tema de la real y verdadera instrumentación de la educación sexual desde la niñez y durante toda la vida, me permito enlistar una serie de pasos o procesos para quienes la puedan aplicar a sus vidas, entendiendo que la Sexualidad es una parte central del ser humano (y humana), se nace y muere con ella, es decir, dura toda la vida. Independientemente de la ideología o moralidad, se debe hacer énfasis en que la Sexualidad es un elemento humano completamente natural, que sí debe regularse, pero no a través de prohibiciones, tabúes, miedos, prejuicios, sino mediante herramientas que nos permitan alcanzar bienestar y salud. Y ese es justamente el objetivo de lograr un equilibrio entre lo natural y social de la sexualidad: generar felicidad. Está comprobado que las personas que restringen su sexualidad, no logran alcanzar estándares de personas felices, así como aquellas que no la regulan suficiente, que se dañan o arriesgan demasiado sus cuerpos y mentes así como los de las parejas. Esto no pretende ser una receta o un manual, sino una serie de breves sugerencias.

  1. Vernos como personas, no como objetos sexuales o económicos. Esta premisa es fundamental para una vida sexual sana. Lamentablemente, no es lo común. Las mujeres son vistas como objetos ornamentales, preferibles las de prolongadas curvas, siempre dispuestas al erotismo, excitantes las que usan escotes pronunciados, transparencias o faldas cortas que dejan poco a la imaginación. Los varones, pueden ser vistos como medios para alcanzar riquezas, regalos, proveeduría o incluso, relaciones duraderas de “intercambio comercial”. Lo erótico de las personas debe basarse primeramente en la atracción, escalando hacia lo emocional, la intimidad y si se desea y es el momento, al compromiso; o viviéndose de modo individual cada paso.
  2. Las relaciones sexuales deben cumplir algunos requisitos, de los cuales hemos escrito, pero hablando de relaciones entre personas adultas, es indispensable que exista antes que nada la atracción y después el consentimiento claro y explícito de desear la cópula. Incluso planearla para tener un menor riesgo de ETS o embarazos no deseados.
  3. Lo anterior nos lleva a…