El yo verdadero

David López

La filosofía gnóstica nos enseña que nuestra personalidad es tan sólo una marioneta controlada por hilos invisibles que actúan desde lo profundo de nuestra psiquis. Somos manejados por los denominados “yoes” quienes en una pugna interna tratan de controlar nuestro ser. Un yo se torna violento, otro obsesivo, otro lujurioso y así indefinidamente. Un yo puede prometer y posteriormente otro yo lo suplanta y traiciona.

El Glosario Teosófico de H. P. Blavatsky nos da su interpretación al definir el “ego inferior o personal” como: “…aquel  hombre físico en unión con su yo inferior, esto es, unido con las pasiones, los deseos, los instintos animales”. Esto es la llamada “falsa personalidad”. La primitiva  iglesia  cristiana  los denominaba los “Siete  pecados capitales”. Las enseñanzas exotéricas indias  hablan sólo de los “seis enemigos” que son: 1.- Deseo personal,  concupiscencia o una pasión cualquiera; 2.- Odio o malicia;  3.-  Avaricia o codicia;  4.- Ignorancia; 5.- Orgullo o soberbia y 6.- Celos, envidia.

Estas aproximaciones se resumen en una sola verdad indiscutible: el hombre no podrá ser libre de su dolor, ignorancia e ilusiones mientras no someta sus vicios y sus pasiones, cuales quieran que sean sus definiciones o interpretaciones. Deberá vencer sus apegos materiales y carnales y dedicarse al estudio de las leyes que dictan el “deber ser”.

Bajo estas consideraciones, quien anhele libertad, superación y evolución, debe someter sus yoes en busca de su única y trascendental esencia, es decir, debe ir en busca del Real Ser: “Nuestro Real Ser es impersonal, cósmico, inefable y terriblemente Divino”. No juzguemos a los demás por su ignorancia, defectos o carencias cuando nosotros  no somos capaces de servir de ejemplo al cumplir cabalmente nuestras obligaciones en lo social, familiar y personal. (Agradezco a Lyzandro Francisco Herrera Hernández por elaborar esta columna).