Constructores

 David López

Hace unos días caminaba por la ciudad, cerca de una escuela, a escasos metros pasaba una señora acompañada de un niño de unos ocho o nueve años…fue un frío extremo el que recorrió mi cuerpo al escuchar al infante exclamar mientras metía su cabeza por entre los barrotes de la reja: “¡Mira mamá, ahí cabe mi cabeza, me puedo meter a robar!”. El escalofrío se hizo peor al ver que la madre lo tomó con normalidad. ¿Qué nos sucede? Contamos con redes sociales en las cuales se difunden contenidos violentos, muchas veces mostrando atentados contra la vida de individuos, que algunas veces son inocentes. Como humanos hemos perdido la sensibilidad del dolor ajeno, al grado que, para algunos se ha convertido en algo normal y cotidiano. En casa los valores se han extinto y los padres perdieron la autoridad que anteriormente poseían, como consecuencia hemos tenido hombres y mujeres carentes de moral. Para lograr construir una estructura sólida es necesario trabajar con un equipo que le cimente, levante columnas y muros; que sepa distribuir las habitaciones que el hogar tendrá; las instalaciones hidráulicas y eléctricas; que pueda colocar los pisos y aplanar los muros para finalmente poder contemplar una obra, que si bien no es perfecta, si es sólida. Sin embargo, además de eso, hay algo más importante que aprender ¿Qué simbolizaría el albañil que con sus herramientas hace arte de su oficio? ¿Qué representa dicha construcción? ¿Por qué es importante tener un buen equipo de construcción dentro de esta analogía? Dicen que la unión hace la fuerza, por el contrario, hablando de empresas, dividir un equipo no es bueno, ello hará que la obra que se construya será deficiente, débil y caiga en los mismos fragmentos que se dividió. De la película Gladiador (Gladiator, 2000) escuché: “…lo que hacemos en vida, resuena en la eternidad”. (Agradezco a Reyes Luis Vargas Villegas por elaborar esta columna)