Las marchas y enfrentamientos

Amira Corrales

Hace algunos días, tuvo lugar en Pachuca y en muchas ciudades del país, marchas y actividades por la conmemoración del día mundial por el aborto legal, libre y seguro, que sólo se realiza en América Latina, debido a que en esta región del mundo, el aborto voluntario es un delito que tiene pena de cárcel; mientras que en los países industrializados, como Canadá, EEUU, Gran Bretaña, Alemania, Países Bajos, Italia, Bélgica, Francia (en sí la mayoría de los países europeos), Australia y recientemente España, se dejó de criminalizar el aborto hasta determinadas semanas de gestación (estas semanas varían de país en país), dándole a sus habitantes mujeres, la libertad del ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos, y por ende, el reconocimiento de que el cuerpo de las mujeres, no le pertenece ni al varón, ni al Estado ni a la Iglesia, sino a ellas mismas y por lo tanto la decisión es suya. En este país, que apenas está en pañales en cuanto al respeto de los derechos de las mujeres (veamos las noticias de los graves feminicidios que se cometieron apenas en una semana en diferentes partes del país, y de los cuales han capturado a dos probables asesinos), las marchas feministas anduvieron en boca de todos sin mediar razones, más que argumentos baratos de creencias populares y algunas misóginas. Resulta que mucho molesta que cierto grupo de quienes se manifestaron (que no todas y  quienes sus razones tendrán), pintaron y rompieron y en algunos casos, como en la ciudad de México, se enfrentaron a la policía que las encapsuló, la cual estaba integrada también por mujeres. Es muy lamentable la violencia, provenga de quien provenga, pero el escrutinio social es muy estricto con las mujeres que, en una cultura machista como esta, las juzga y critica tan duramente, por salirse del estereotipo de dulce, sensible y obediente: si no te portas como el statu quo te dicta, te llegará la severidad del sistema. No hacen lo mismo con quienes toman las vías del tren en Michoacán, por ejemplo. Por eso mismo ¡ni obedientes ni sumisas, sino valientes e insubordinadas!