Constelaciones

 DAVID LÓPEZ  

Segunda y última. Otra forma de comparar los aciagos días de octubre es con la serpiente, donde la constelación también fue llamada además de Escorpión, Serpentario; pues si bien atrae con su belleza, también mata por su ponzoña.

Noviembre, mes donde los árboles mudan de hojas, es el mejor para la caza y la semejanza recae en el arquero con su flecha y arco, fue entonces que se nombró Sagitario.

Cuando el sol toca el trópico en el sur en el solsticio de invierno y guarda aparente calma en el cielo para continuar con fuerza y vigor su andar, se comparó con la cabra que se complace saltando precipicios y la constelación de diciembre fue Capricornio.

Llegado enero, tuvo por constelación Acuario o estrella de la inundación, ya que el Nilo subía su nivel antes de bañar con sus aguas las tierras aledañas.

Por último, febrero mes de la pesca, tan necesaria ya que la tierra aún no producía nada, tuvo por signo a Piscis que son los dos peces unidos por la cola.

La sabiduría de la antigüedad trazó un mapa celeste que cumplía un  Principio de Correspondencia que nos dice: “Como es Arriba es Abajo…” El Universo entero es un sistema total, y dentro de la gran totalidad hay totalidades menores, como el hombre.

Bajo esta mirada, y teniendo en cuenta el Principio de Correspondencia, estudiando las pautas de la totalidad mayor (el universo), podemos comprender las pautas del hombre mismo.

Toda esta simbología de las constelaciones nos lleva también y principalmente, a comprender la naturaleza cíclica de la que podemos llamar realidad: nacimiento, desarrollo, reproducción, decadencia y muerte o vista desde una perspectiva más sintetizada: nacimiento, vida y muerte; procesos que se repiten de forma constante en todas las manifestaciones de la existencia.

Una mirada profunda a la bóveda celeste, nos revela un conocimiento escrito en las estrellas. (Agradezco a Lyzandro Francisco Herrera Hernández la realización de esta columna