Karma

David López

Segunda y última.- Si se fractura el brazo que trató de doblar dicha rama, ¿diremos que fue la rama que rompió nuestro brazo, o que nuestra propia imprudencia nos ha acarreado tal desgracia? El Karma no ha tratado jamás de destruir la libertad  intelectual e individual. No ha envuelto sus decretos en la obscuridad de un modo intencionado para confundir al hombre, ni tampoco castiga al que osa escudriñar sus misterios; antes al contrario, aquel que a fuerza de estudio y meditación descubre sus intrincados senderos y arroja alguna luz en sus obscuros caminos, en cuyas revueltas perecen tantos hombres a causa de su ignorancia del laberinto de la vida, trabaja para el bien de sus semejantes. Entre las varias divisiones del Karma tiene una importancia especial la triple división en: 1º Karma  acumulado o latente (Sañchita Karma), que es el constituido por multitud de causas que vamos acumulando en el decurso de nuestra vida y que no pueden tener inmediata realización; 2º  Karma activo o empezado (Prârabdha  Karma), aquel cuyos efectos se manifiestan ahora en nuestra propia naturaleza, esto es, aquello que constituye lo que se llama nuestro carácter, las múltiples circunstancias que nos rodean en la vida presente, y 3º el Karma nuevo, el que actualmente engendran nuestras diversas actividades (Kriyamâna Karma). Será necesario distinguir entre el Karma maduro, pronto a manifestarse como sucesos inevitables en la vida presente; el Karma de carácter, que se manifiesta en las tendencias que son resultado de experiencias acumuladas y que son susceptibles de ser modificadas en la vida presente por el mismo poder (el Ego) que las creó en la pasada; y por último, el Karma que ahora está produciendo y dará origen a sucesos venideros y al carácter futuro. “Todo lo que el hombre sembrare, eso recogerá”. “Todo hombre recoge las consecuencias de sus propias obras”. (Agradezco a Lyzandro Francisco Herrera Hernández la elaboración de esta columna).