Cangandhó, curiosa pieza que alberga Ciudad de los Atlantes

-Al entrar al recinto de exhibición, de inmediato atrapa las miradas por su peculiar forma, sobre todo porque sus prominentes ojos y verdosa tonalidad

SALA HISTÓRICA QUETZALCÓATL

DATO:

ÍDOLOS

«Son almas, espíritus, de ídolos o restos de los dioses de los antepasados. Pueden hacer maldades, son ‘males menores’, pero se dejan querer y hasta apapachar. Aceptan vivir en familia, respetándolas y rindiéndoles culto. Hay que colocarlas en un cesto o caja especialmente acondicionada y realizar un pequeño ceremonial. Se pone fuera de la casa y hay que ofrendarles de la comida de la casa y hablarles con afecto. Ellas no hablan, pero sí lloran si uno las descuida».

En tanto ex trabajadores de la Sala Histórica Quetzalcóatl, refieren sobre esta pieza, que incluso algunas personas de aspecto indígena, acudían en el pasado a visitarla, se hincaban frente a ella y hasta le dejaban alguna flor al píe de la vitrina que la resguardaba.

Ángel Hernández

En el museo de la Sala Histórica Quetzalcóatl, localizada en el centro de Tula de Allende, también conocida como la Ciudad de los Atlantes, se exhibe una curiosa pieza que llama la atención de los visitantes, se le denomina “Cangandhó”.

Al entrar al recinto de exhibición, de inmediato atrapa las miradas por su peculiar forma, sobre todo porque sus prominentes ojos y verdosa tonalidad, han hecho pensar a más de uno de los espectadores, que se trata de una representación extraterrestre y que los antiguos Toltecas tenían contacto con seres de otros mundos.

En los últimos años han surgido una serie de teorías de supuestos contactos interplanetarios en la época precolombina, de cuya huella quedarían monumentos y esculturas, como los propios atlantes, que, según estas fantasiosas ideas, portarían armas de rayo láser y cascos espaciales.

Obviamente estas tesis, inspiradas en la ciencia ficción, en los programas televisivos, y en la teoría de Los Antiguos Astronautas están muy alejadas de la realidad y carecen de toda lógica científica, como bien lo han demostrado investigaciones serias realizadas desde hace varias décadas por arqueólogos nacionales y extranjeros, que laboran para el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), o que han sido enviados como investigadores por las mejores universidades extranjeras.

Sin embargo, la pieza de la Sala Histórica ha cautivado a más de un turista nacional e internacional por su peculiaridad, pues señalan que se trata de la representación de un “humanoide”, que está viajando en un platillo volador.

En realidad, esta escultura es un “Cangandhó”, una deidad otomí, según lo describió el arqueólogo Carlos Hernández Reyes, quién estuvo al tanto de los hallazgos arqueológicos de Tula, para el Instituto Nacional de Antropología e Historia, durante varias décadas.

Asimismo, catalogó las piezas que se exhiben en el museo.

Esta interesante figura, según el investigador, es una “escultura antropomorfa con cabeza y cuerpo oval y manos colocadas sobre el vientre. Se trata de una deidad otomí relacionada con la lluvia. Preguntando a las personas de la comunidad donde se encontró, dijeron: es un Cangandhó”. La figura dataría del año 1300 al 1500 después de Cristo.

Para admirar esta peculiar escultura sólo basta visitar la Sala Histórica Quetzalcóatl, localizada en la calle de Zaragoza No.7, en el Centro de Tula.

PIEDRA VERDE

Por su parte la investigadora Verónica Kugel, menciona en un compendio de Estudios de la Cultura Otopame de 2002, que los»C’angandhó» son ídolos que están vinculados a prácticas mágicas y curativas.

Señala que el Diccionario Castellano-Otomí-Otomí-Castellano del Valle del Mezquital, refiere que «c’ando’ o «c’angado» se traduce como «jade, piedra verde o azul».

También cita a René Espinosa, quien en su libro Leyendas y tradiciones de El Arenal (Pachuca, 2001), señala que los «C’angandhos» son piedras pequeñas, como de río, esculpidas con formas variadas de animales o de niños, en los que según la creencia, la mano del hombre no interviene.

«Suelen estar en pareja, pero a veces también en grupo. Uno las encuentra por casualidad o las recibe de personas que las han tenido, de por vida».