Egoísmo y muerte

Lyzandro Herrera

 “Todos los que persiguen sus propios intereses son la mejor manera de promover el bien general.” Este argumento fue expresado por Bernard Mandeville, y por Adam Smith en sus trabajos pioneros en economía. Smith escribe que cuando los individuos persiguen «la satisfacción de sus propios deseos vanos e insaciables», benefician a la sociedad en su conjunto. Este resultado se produce porque las personas generalmente son los mejores jueces de lo que les interesa y están mucho más motivados para trabajar duro para beneficiarse a sí mismos que para lograr cualquier otro objetivo; sin embargo, esta actitud, no promueve el bien general ya que no siempre es conveniente perseguir el interés propio sin preocuparse por los demás. En contraparte,  altruismo significa poner los intereses de los demás antes que los nuestros. Un problema con la doctrina altruista, es el argumento que parece suponer que generalmente hay un conflicto entre perseguir los propios intereses y ayudar a los demás. La mayoría de la gente diría que estos dos objetivos –egosimo y altruismo- no son necesariamente opuestos. Gran parte del tiempo se complementan entre sí. Lo ideal es encontrar un equilibrio entre estas partes para hacer valer la «regla de oro», cuyas versiones aparecen en el confucianismo, budismo, judaísmo, cristianismo y el islam, que dice que debemos tratar a los demás como nos gustaría ser tratados. Según Kant, no deberíamos realizar una acción si no pudiéramos sinceramente desear que todos se comportaran de manera similar en las mismas circunstancias. Al día de hoy, en la era del coronavirus, el egoísmo se ha desbordado con fatales consecuencias: contagios, dolor, quiebras económicas y muerte por el simple deseo de no estar confinados, aunado al absurdo pensamiento de inmunidad donde creemos que nada nos va a pasar hasta que pasa. Se ha dicho hasta el hartazgo quédate en casa pero al parecer la era del egoísmo necio y asesino reina sobre el altruismo, prudencia y la razón. Es cuánto.