Dióxido de Cloro

Lyzandro Herrera

A partir del “Buen Fin” y de las fiestas decembrinas del 2020, la pandemia del corona virus tomó un repunte catastrófico que ha saturado los hospitales de algunos estados de nuestro país y con ello, una escasez de medicamentos y oxigeno para el tratamiento de esta enfermedad. En este período de caos y desesperación, ha surgido el dióxido de cloro como un paliativo para el tratamiento de este mal. Químicamente, el dióxido de cloro es un gas, formado por dos moléculas de oxígeno y una de cloro, y cuando está diluido en agua, se le conoce como solución de dióxido de cloro, o CDS. El argumento que sostiene su eficacia, dice que al ingerirse la solución con dióxido de cloro, el gas se libera y sus moléculas de oxígeno se incorporan al organismo, iniciando un proceso de oxidación que elimina virus, bacterias y cualquier patógeno dentro del cuerpo. La Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) a alertado sobre el uso de esta sustancia argumentando que no hay evidencia científica que avale su eficacia para el tratamiento de alguna enfermedad, además de comunicar a la población que este órgano no ha autorizado ningún medicamento cuya formulación cuente con el dióxido de cloro o sus derivados. En contraparte, según una nota firmada recientemente por Marco Pérez Valtier “…no existe ningún caso documentado ni comprobado, de tal efecto nocivo para la salud, e incluso hay un ofrecimiento público, por parte del empresario Pedro Luis Martín Bringas, quien ofrece 10 millones de pesos a quien pueda demostrar la “toxicidad” del dióxido de cloro, sin que a la fecha, esta generosa oferta haya sido aprovechada por ninguno de los detractores del CDS.” La realidad es que ningún medicamento o compuesto es milagroso por sí mismo en enfermedades tan complejas como lo es el COVID-19 el cual requiere principalmente de un seguimiento puntual y personalizado por parte de un profesional de la salud. Es cuanto.