Ley y violencia simbólica

Amira Corrales

Esta semana, la Cámara de Diputadas y Diputados aprobó reformas a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, mismas que permiten estar a tono con la cotidianidad. Entre las adiciones, resalta la inclusión de los términos violencia simbólica y mediática. La ley general y sus correspondientes leyes estatales es considerada como la primera creada con perspectiva de género, que tiene 4 objetivos principales: 1) la igualdad jurídica entre mujeres y hombres; 2) el respeto a la dignidad humana de las mujeres; 3) la no discriminación y 4) la libertad de las mujeres. Así mismo, considera y define los tipos de violencia hacia las mujeres, descartando que sólo sufrimos violencia física; estos son: violencia psicológica (la más practicada), física, sexual, económica, patrimonial y violencia feminicida. Incluye las modalidades donde surgen este tipo de violencias: violencia familiar, laboral, docente, en la comunidad, hostigamiento y acoso sexual, así como institucional. En años anteriores se había agregado la muy significativa violencia obstétrica, por la que tanto han luchado grandes feministas hidalguenses, por ejemplo. Ahora llegó el turno de la violencia simbólica, la cual es la madre de todas las violencias, ya que al ser una violencia tan introyectada culturalmente, puede sistematizar todas las demás violencias, al grado incluso, de normalizarlas. Esta es una de las razones por las que encontramos tanto enojo y resistencia en temas de las mujeres y sus derechos, ya que todavía hay quienes piensan que valemos menos. Escribo la definición de violencia simbólica y en paréntesis algunos ejemplos para su mayor comprensión: Es la expresión, emisión o difusión por cualquier medio (incluido FB, twitter, Instagram), ya sea en el ámbito público o privado, de discursos, mensajes, patrones estereotipados (edecanes con ropa provocativa, concursos de belleza, anuncios de mujeres con poca ropa), signos (mujer como objeto: “lo primero que les veo son las chichis”), valores icónicos (madres y esposas sumisas) e ideas (“zorras, locas, prostitutas”) que transmiten, reproducen, justifican o naturalizan la subordinación, desigualdad, discriminación y violencia (“las matan por cómo se visten”) contra las mujeres en la sociedad. Falta mucho, pero falta menos.