Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo

Andrés Torres Aguirre

 El 4 de abril próximo, un poco más de 30 días, darán inicio las campañas electorales en Hidalgo. Tendremos elecciones de diputados locales, federales y dos municipales extraordinarias, en Ixmiquilpan y Acaxochitlán.

La enorme oferta política de Hidalgo se dividió en dos grandes bloques, acompañados por unos pocos candidatos independientes. Pero la batalla centra sus objetivos en el bloque encabezado por Morena, el partido que lo ganó todo en 2018, el partido del Presidente de México y sobre el cual, al menos en teoría, la Cuarta Transformación del país, cimienta su avance.

Los meses que siguieron a la indiscutible victoria de Morena hace dos años y medio fueron de cambios y acomodos en la estructura política el país, quienes observamos el quehacer de los servidores públicos, coincidíamos en que era un periodo de aprendizaje pero que las expectativas generadas por la ola del cambio empezarían a cumplirse de mayor a menor. Pero no fue así. 

Desafortunadamente para los simpatizantes y militantes de Morena, no hay avance en el trabajo que un partido o movimiento político debe hacer para mantener la confianza que les dio el electorado. Las divisiones internas, las contradicciones están cada vez más acentuadas, en cambio las corrientes internas no cesan en la pelea por prebendas y alientan venganzas. Cierto, todos los partidos en México lo hacen y lo hicieron siempre. Pero a los mexicanos nos prometieron que en Morena eso no iba a suceder. Juraron que habría cambios de fondo y forma; quizás su peor error fue asegurar que lo harían rápido.

El PRI tuvo su tiempo, su oportunidad, atendió a su circunstancia pero los cambios sociales y sus excesos de sus militantes acabaron por derrotarlo. 

Acción Nacional, identificada con o el ala conservadora de la política mexicana llegó al poder pero no supo entender que México es un país con miles de problemas pero poco afectó a las frivolidades, si bien hubo avance económico, desarrollo bien sustentado, no hubo humildad. Este último punto fue perfectamente identificado y explotado como argumento central del proyecto que hoy gobierna el país.

Así que con un discurso sin fundamento económico, acomodaticio y aprovechando el casi total desconocimiento de la historia de México que existe en la población, se exaltaron las pasiones, convocó a la revancha pero sobre todo, se premió la obediencia burriciega.

Morena no perderá todo el 6 de junio, el PRI, el PAN y sus secuaces no ganaran todo. Pero el desengaño será fuerte, la realidad de un país cuya planta productiva está a punto de quebrar se va a imponer y no porque nuestros dirigentes sean acertados en sus decisiones, tendrá que ser así porque la industria mundial la va a arrastra o la va a desechar. 

El país que plante Morena y su 4T sólo podrían funcionar si México fuera el único en el planeta, pero desafortunadamente estamos sujetos a confió es externas muy poderosas, ejemplo: la pandemia del coronavirus. Está comprobado que el Gobierno Federal no supo qué hacer, cómo hacer ni cuándo hacerlo, dejando todo en manos del destino y hasta la fecha no hay certidumbre sobre la vida de los mexicanos por el sólo hecho de salir a la calle.

¿Es tan difícil entender que en la vida no todo es negro o blanco? ¿Es tan difícil aceptar que una sola persona no puede saberlo todo? ¿Es tan difícil iniciar el cambio de nuestra gran nación por uno mismo y no tratar de imponer por la fuerza nuestras ideas?

 

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