Simbolismo del ajedrez

Lyzandro Herrera                   

Primera de tres partes. El ajedrez, al igual que otros juegos difundidos en todo el mundo, no tuvo un origen lúdico sino sagrado, mediante el cual, algunos maestros espirituales de Oriente enseñaban la sabiduría oculta.  En el transcurso de los siglos sus reglas y su forma externa ha tenido algunas modificaciones, pero la esencia de sus enseñanzas ha permanecido intacta. Una mirada superficial al ajedrez deja en evidencia a este juego como un enfrentamiento bélico, entre dos ejércitos con piezas que representan las fuerzas en combate: los peones como la infantería, los caballos como la caballería, las torres como los carros de combate, los alfiles como los elefantes y la pareja real como las autoridades máximas del ejército. Sin embargo, este simbolismo tan evidente no deja de ser solo exotérico, es decir, solo en su apariencia externa. En su forma esotérica, oculta, los ejércitos en conflicto nos recuerdan a una batalla espiritual entre las fuerzas de la luz (devas) y las fuerzas de las tinieblas (asuras). En la mitología greco-latina el equivalente a Ganesha es Hermes o Mercurio. Tal vez esta sea la razón por la cual algunos maestros espiritualistas de occidente vean al ajedrez como un juego mercurial y no marcial (de Marte o bélico). Helena Blavatsky también relaciona a Mercurio con el 8 al decir que “la ogloada u ocho significa el movimiento eterno y su espiral de los ciclos, el 8, y simbolizado a su vez por el caduceo”. Un tablero de ajedrez posee 64 estaques o casilleros. Si aplicamos la reducción teosófica a este número (3) descubrimos que la clave numérica de este juego es el 1, no el 2 que deja en evidencia el tablero con sus escaques blancos y negros. Es decir que, bajo una dualidad ilusoria, se esconde la unidad. Si nos detenemos en los simbolismos del tablero, llegaremos a identificar claramente al ajedrez como un juego donde se plasma la sabiduría taoísta.