¿QUÉ NOS FALTA?

 Amira Corrales

Mientras que en tierras mexicanas algunos medios de comunicación (y hay que agregar que cada vez más), manejan un enfoque de género y dan a conocer las desigualdades, las violencias, las injusticias que viven muchas mujeres, hay quienes siguen enfrascados en señalar los daños –que eso es lo que son, no agresiones- contra los muros, los monumentos, los cristales, que dejaron las marchas feministas del pasado 8 de marzo, surgen preguntas fundamentales: ¿Por qué marchan las feministas? ¿Qué pretenden? ¿Qué les falta? –lo que a mi parecer son preguntas que deberían hacerse tanto las autoridades como la sociedad, y tratar de contestarlas con base a datos fidedignos, asesoría y perspectiva de género previamente capacitada-; por lo que haré un intento por abordarlas: muchas mujeres marchamos como forma singular de protesta sobre los derechos que nos faltan y de los que ya tenemos, que no se cumplen tangiblemente. Y mientras marchamos, gritamos, lanzamos consignas, cantos, brincos y bailes, pero no en razón de recreación, sino en forma de denuncia. Nuestra protesta no es contra los hombres sino contra su estructura ideológica patriarcal que pone en el centro de las actividades económicas, políticas y familiares al varón y a la mujer como su satélite. Es contra la idea de que las mujeres somos objetos, mercancías intercambiables, posesiones que se pueden controlar, maltratar como forma de castigo por no seguir los designios machistas e incluso matar. Salimos a las protestas porque aún nos deben leyes y sanciones ejemplares sobre las diferencias que hacen desigualdades, porque nuestros agresores no son imputados, porque no están en la cárcel, porque a pesar del daño, aún siguen en la oficina, en la calle, en el transporte público, en la casa, como si nada. Porque todavía sigue siendo muy fácil, agredir, maltratar, abusar, humillar, dañar o matar a una mujer o a una niña. Queremos que no sea sencillo, pero además deseamos reeducación, sanciones ejemplares, investigaciones exhaustivas, presupuestos abundantes. Y nos falta mucho respecto, valoración, dignificación, cumplimiento a nuestros derechos, libertad para decidir por nuestro cuerpo sin considerarnos delincuentes, educación de calidad con enfoque tecnológico y científico…