La triste historia de la pertenencia corporal

Amira Corrales

Mientras que el sistema de justicia se encuentre colapsado, difícilmente podrá atender las necesidades de justicia y cumplimiento a los derechos de las mujeres a una vida libre de violencia, derechos sexuales y reproductivos que incluyen el derecho a decidir con quién vivimos nuestra sexualidad, de qué manera y qué hacemos con nuestro cuerpo. No sólo se busca la despenalización del aborto hasta un número de semanas de la gestación, sino también el derecho al placer sexual de las mujeres, que este sistema patriarcal nos ha arrancado desde tiempos antiguos. El derecho a la decisión del propio cuerpo, que sí ejercen los varones, es realmente reciente: el código napoleónico, producto de las ideas revolucionarias y “democráticas” que envolvieron a la Europa del siglo XIX, basadas en los principios de igualdad, libertad, fraternidad y búsqueda de la felicidad, no aplicaban para las mujeres a quienes estas prácticas libertarias no las concebían como ciudadanas. Dicho código instituía al matrimonio como un contrato desigual, en el que las mujeres debían obedecer devotamente al marido; no podían solicitar el divorcio más que en caso de que éste llevara a su concubina al domicilio conyugal; y mantenía a la mujer en una minoría de edad perpetuada. Ellas no tenían derecho a administrar sus propiedades, fijar o abandonar su domicilio, ejercer la patria potestad sobre sus hijos –es decir que los hijos e hijas eran del marido-, mantener una profesión o emplearse sin permiso o consentimiento del esposo, no podían rechazar a su padre o marido violentos. El aborto y el adulterio eran delitos por los que se juzgaba sólo a ellas, lo que representaba que su cuerpo no les pertenecía. Dicho código fue copiado por España y heredado jurídicamente a México y países latinos, quienes en conjunto con la Iglesia, despojaron a las mujeres de sus cuerpos y de sus libertades. Esos cuerpos le eran necesarios al sistema, únicamente para darles los hijos requeridos para el repoblamiento de sus territorios, así como la mano de obra necesaria en la casa, en el campo y en la cama. Se clasificó a las mujeres en dos tipos:

CONTINUARÁ…