Miedo

Lyzandro Herrera

 Segunda y última parte. Lo contrario del miedo, no es la valentía (eso es actuar pese al miedo), sino la confianza en uno, y esa es una tendencia que debe surgir con fuerza. De tal forma, cada vez tenemos menos miedo y más confianza, entendiendo por supuesto que también en el exceso de confianza, hay peligro y ahí llega otra vez el miedo para alertarnos. Requerimos movernos entre estas dos variables, entendiendo que mucho miedo y por tanto mucho control es caro y por tanto mucha confianza es peligrosa. El miedo lo podemos manejar desde dos extremos, una externa, eliminar el peligro, eliminar los enemigos (ejemplo la competencia) o internamente, fortalecernos para que el enemigo no nos perjudique (el aprendizaje permanente) y eso lo podemos aplicar a cualquier dimensión de la vida. Nuestros miedos son como fantasmas vestidos de blanco, que una vez que los razonamos dejan de existir. La forma de vencerlos es hablar de ellos y poder ver desde la razón, que circunstancias de la vida nos han dejado cicatrices en el alma, la mente y en el corazón. El miedo puede destruir y construir al mismo tiempo. Culturalmente, hablar del miedo, es mostrar la vulnerabilidad y para hablar abiertamente sobre nuestros miedos, se requiere hacerlo en ambientes donde predomina la confianza. A mayor confianza, más intimidad, de esta forma es más fácil hablar de los miedos, y por tanto, ver el peligro real que implica y poder pasar a la acción. No hablar de los miedos hace que se discuta de generalidades que a nada conducen. Es por tanto un importante el ejercicio generar ambientes donde la vulnerabilidad sea permitida, los miedos permitidos y analizados. Esto se logra creando confianza en que, lo que se diga, será tratado con respeto y no será juzgado por terceros. Es cuanto.