Amuletos

Lyzandro Herrera

Los materiales tienen su propia energía y el contacto con ellos produce cambios en nuestra vibración personal y pueden ayudarnos en el proceso curativo. Algunas figuras, imágenes y colores producen reacciones psicológicas que nos estimulan. Las estampas religiosas y otros objetos, tales como cruces, estrellas de David y demás, recuerdan e identifican posturas espirituales e ideológicas. El problema es que la mayoría de estos elementos se convierten en amuletos y les damos más poder del que en realidad tienen. Hay personas que se sienten indefensas sin su cruz, la estampita de su santo protector o cualquier otro amuleto. Lo peor sucede cuando una persona extravía su amuleto. La mayoría de las veces esto se interpreta como un presagio de que algo malo va a suceder. Esta idea es producto de creer que la persona se encuentra sin su protección y que, en consecuencia, las energías negativas pueden afectarla. «El Todo es Mente. El Universo es mental. La mente domina sobre la materia.  Todas las cosas están en el Todo, así como el Todo está en todas las cosas.” Nadie ni nada puede despojarnos de lo que somos realmente. El verdadero poder de los amuletos viene del conocimiento, comprensión y aplicación del saber que guarda herméticamente el significado del símbolo. Sirva de ejemplo, el Tetagramatón. “Este signo expresa la dominación del espíritu sobre los elementos de la Naturaleza. Con él podemos mandar a las criaturas que pueblan las regiones del fuego, aire, agua y tierra. Ante este símbolo tiemblan los demonios y huyen aterrorizados.” Esto no debe tomarse literal. No hay como tales seres sobrenaturales del “más allá” que corren miedosos ante ese amuleto; el significado yace en el control de uno mismo, de sus vicios y pasiones; el control mental y espiritual que vence todas las dificultades, con trabajo en todos los planos, con disciplina y constancia. Ante un hombre así, ¿qué fuerza externa o interna podría dañar a un ser humano, porte o no un dije al cuello? Es cuánto.