Desfiguros

Andrés Torres Aguirre

A tres días de que concluyan las campañas electorales, las y los candidatos «echaron su resto» al proceso y así esperan que la voluntad popular los favorezca el 6 de junio próximo.

Además de las adecuaciones a las campañas que obligó la pandemia, el proselitismo actual incide en las redes sociales más que en los medios de comunicación tradicionales.

Sin embargo, en la recta final, son la radio y la televisión el principal escaparate para la promoción de las y los candidatos.

Ya con la meta a la vista, los estrategas electorales recomiendan a sus clientes «endurecer» sus mensajes y prueba de ello son varios spots que podrían ser catalogados como agresivos.

El partido Fuerza por México propone castrar a los violadores, por ejemplo.

«Córtale los huevos al violador» dice claramente la propuesta que difunde este partido en un spot de radio.

La candidata a diputada federal por Sonora, Rocío Pino, propone cirugías de senos gratuitas a todas las mujeres.

Abanderada del partido Redes Sociales Progresistas, la también «influencer» promueve #Chichisparatodas y sus spots, donde se presenta en lencería o desnuda de la cintura para arriba, tienen miles de visitas.

En unos días más, la coalición del PRI, PAN y PRD, presentarán un spot de televisión donde acusan al canciller, Marcelo Ebrard; la gobernadora de la CDMX, Claudia Sheinbaum; y al diputado federal, Ernesto Delgado; como responsables de la tragedia de la línea 12 del metro.

Por si fuera poco, otros candidatos en diferentes partes del país, aparecen en sus campañas cantando, bailando y haciendo promesas como traer al grupo de rock Metallica a tocar gratuitamente. Todo sea por ganar votos.

La triste realidad es que para quien esto escribe, todo lo anterior es prueba clara de la pérdida de los ideales políticos y del compromiso social. Hoy la meta de los candidatos es ganar un cargo y desde ahí obtener beneficios para ellos y sus amigos. 

La justificación de esa actitud viene desde lo más alto de la estructura burocrática del país, con un líder al que no le importa nada más que cumplir su voluntad a costa de lo que sea.

En ese sentido, son los «chairo candidatos y candidatas» los que se desbocaron como Simey Olvera, quien, al no tener oportunidad de reelegirse, se lanza contra todos sus oponentes para judicializar la elección y si los tribunales determinan contrariamente a sus argumentos, entonces dirá que le hicieron trampa. Otro sinvergüenza es Mario Delgado, dirigente de morena, que orquestó un supuesto asalto en Tamaulipas, hecho que la policía ya desmintió, pero cuyo propósito es victimizarse y esconder con argumentos falsos las verdaderas causas de la derrota electoral que se avecina.

 

 

Twitter: @bamtorre

@vocales_radio