Feminismo y sexualidad

Amira Corrales

 En esta ocasión hablaremos de la relación entre el feminismo y la sexualidad, ¿qué tienen que ver uno con la otra? Desde mi perspectiva diré que el feminismo ha permitido de forma libre el conocimiento del cuerpo femenino, su funcionamiento, pero además algo de suma importancia: ha generado la apropiación de nuestro cuerpo para la toma de decisiones y el rumbo de nuestras vidas. Es por eso que para muchas ideologías resulta subversivo e irreverente, porque combate sus paradigmas sobre la visión del ejercicio del poder masculino sobre lo femenino. El machismo, enseñado y promovido por centurias en la cultura humana, permea lo religioso, económico y político. Nos dice qué deben hacer las mujeres y los hombres, pero lo que no nos dice es que esa práctica es establecida por varones y para varones, las mujeres no se encuentran visibles, ni centrales en ese actuar y sentir. Por lo tanto, las mujeres deben girar en torno a los designios masculinos: ser amorosas que no agresivas, ser buenas madres y no fiesteras, ser amas de casa y no elegir una profesión. Pero también está la creación dual de la mujer santa o la hembra prostituta. Con la santa se tiene familia, con la sexoservidora se goza. Pero, ¿dónde queda la decisión de ella? ¿Por qué no le es permitido divertirse a través del cuerpo –como ellos- y a la vez ser buena madre? ¿Por qué debe quedarse en casa a cuidar a los hijos y no poner en primer lugar su desarrollo profesional, como ellos? Para conocer la respuesta, habrá que hacer otra pregunta primordial, ¿a quién beneficia este “plan de vida”? Pues, claro a los hombres. Por eso, muchos ven al feminismo como un enemigo, porque les devuelve a las mujeres el uso de su cuerpo, su sexualidad ejercida sin culpas (pero, debe hacerse con responsabilidad) y sus decisiones para elegir el camino a seguir, sin caer en la trampa de la dualidad (mujer casta-mujer puta), que no opera de igual manera para los hombres machistas. Y si cada vez hay menos de éstos, es gracias al feminismo.