Feminismo y sexualidad IV

Amira Corrales

La sexualidad vista como un aspecto central del ser humano, que abarca toda la vida según la OMS, siempre ha sido legitimada para la parte masculina de esa humanidad, pero desarraigada para el lado femenino. En el entendido de que como señala Marcela Lagarde, nosotras las humanas, por supuesto, tenemos la necesidad de experimentar y practicar nuestra sexualidad. Y es que realmente es un tema tabú, ese que no se habla en las reuniones de café, ni mucho menos en las escuelas de educación básica o media, porque se ha deslegitimado el cuerpo femenino para uso y goce de las humanas. ¿Cómo es posible que, a mediados del siglo XXI, en los contextos latinos, las mujeres sigan preocupándose por verse bien, ser sensuales y agradables al sexo opuesto para beneplácito de ellos y se olviden por completo de su propio placer, arrastrando culpas y remordimientos por ejercer una sexualidad que para los varones ni siquiera se cuestiona? Escuchen bien, se llama cultura patriarcal. Esta nos enseña a procurar nuestra estética bajo los cánones capitalistas -mientras más te arreglas, más consumes-, domándonos para ser el medio del placer de los hombres, lo cual a veces se confunde con cosificación –pensar en una persona como cosa-. Si la persona femenina representa una cosa para el machismo, entonces no importa si obtiene placer en el intercambio erótico, o si ese intercambio hay que pagarlo. Para que la sexualidad vuelva a ser nuestra –sí, algún día lo fue-, es primordial mirar hacia nosotras, cada una a su yo interno: conocernos y saber qué deseamos, aprender a aceptarnos y amarnos como somos, decidir sobre nuestro cuerpo y nuestras elecciones de vida, ser para nosotras primero y para los demás después. Aunque esto parezca egoísta, no lo es, se llama empoderamiento -poder de una misma- y es la base para una buena salud física, mental y sexual, así como para relacionarnos positivamente con los otros, ya que, si la aceptación y el amor no crece en nosotras y para nosotras, difícilmente lo podemos dar. No se puede dar lo que no se tiene.

 

 

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