El Esoterismo y el Gnosticismo

Lyzandro Herrera

Primera de dos partes. El término “esoterismo” proviene del griego esoterikos derivado de esoteros, refiriéndose a lo que está en el interior por oposición a exoterikos, lo que está en el exterior. Hablando de obras y de doctrinas, se dice “esotérico” a lo que está destinado a los miembros de las escuelas u organizaciones, sobreentendiéndose con ello que es algo más o menos difícil, secreto, misterioso y extraño. Se dice “exotérico” lo que está destinado al público no iniciado.

Este sentido de esotérico se refiere a todos los misterios presentes en el mundo. Particularmente, en la escuela pitagórica se distinguían los discípulos iniciados (los esotéricos) de los futuros iniciados y los profanos (los exotéricos). En Roma, cuando se difundieron los misterios de Mitra y de Isis, se llamaban esotéricos a los iniciados. Pero en general se trataba de una jerga alegórica destinada a esconder la doctrina y los ritos para preservarlos de los profanos.

El centro de interés era el misterio de la iniciación que se consideraba una liberación del cuerpo físico visto como una prisión. Este es el sentido de los misterios no sólo en el mundo clásico sino también en el gnosticismo, en la cábala hebrea y en el sufismo del Islam. Todos parten de la suposición de substancia espiritual en el cuerpo y de una presencia divina en el espíritu. Este espíritu, con herencia divina, debía purificarse del mal y así retornar a la “patria celeste” y ser reintegrado al mundo de los dioses.

Quien busca la realización espiritual por la vía del conocimiento y de la mística, tarde o temprano se enfrenta con la cuestión de la condición humana, a la cual debe dar una respuesta psicológica personal. Pero la verdad que buscamos no la encontramos pasando solamente a través de una puerta abierta hacia el interior, sino también atravesando una apertura hacia el exterior que nos conduzca y que nos identifique con el todo. (Continuará)