LOS APELLIDOS

AMIRA CORRALES

Durante los milenios que hemos vivido como civilización, la cultura patriarcal ha dominado nuestras formas de vida, sin importar la cultura, lo que se llama la universalización del patriarcado. En términos socioculturales podemos dividir simplistamente a la cultura occidental y a la oriental. Pues bien, en las dos, el patriarcado ha construido un modelo muy fuerte e impermeable de modo de vida, ese que beneficia a unos y perjudica a otras. En esta ocasión, quisiera hablarles del apellido. Nuestra cultura occidental, eclipsó a la mexica –donde los nombres de las familias eran diferentes- y colocó al padre o patriarca por encima de toda autoridad social, religiosa y familiar, lo que derivó en llamar a toda la progenie que naciera dentro del matrimonio religioso de los padres, con el apellido paterno y después el materno. Esta es la explicación del por qué, a pesar de estar a 500 años de la colonia española, en México se continua con esta tradición de llamar en ese orden a los hijos e hijas. Lo que sí es de resaltar, es que, a diferencia de las sociedades norteamericanas o sajonas, conservamos el apellido materno, mientras que, en éstas, lo desaparecen. Sin embargo, los esfuerzos de muchas mujeres en los diversos ámbitos, nos ha permitido que se legisle en este sentido: ahora la pareja puede ponerse de acuerdo para determinar el orden de los apellidos de la o el hijo y así manifestarlo en el registro civil. No lo considero suficiente, porque el rezago es cultural, pero lo legal siempre abona. Es de grave consideración, por ejemplo, cuando el padre abandona o no se hace cargo de los y las hijas, y estos pierden el deseo de nombrarse con el apellido paterno, ya que acostumbran quitárselo. Considero que este derecho deberían perderlo los padres irresponsables, sin que tengan las/los hijos que hacer juicio para tal efecto, conservando el derecho a recibir pensión alimenticia.