Egregor y guerra

Lyzandro Herrera

 «La guerra es una proyección espectacular y sangrienta de nuestra conducta diaria.»

Jiddu Krishnamurti.

La historia de la guerra es también la historia de la humanidad. Las causas de todas las guerras tienen que ver con la ambición, con el deseo de tener, de poseer; es desarmonía con el entorno y con quienes lo habitan. Toda guerra está ligada a la ilusión de la separabilidad que se opone al principio de fraternidad universal. Toda guerra está ligada al nacionalismo que es alimento de los egregores. Los egregores son una forma de pensamiento grupal asociada a un conjunto de personas. El egregor es una entidad independiente, gestada, alimentada y moldeada por sus miembros. Todos los pensamientos de un colectivo son energía mental y emocional al mismo tiempo. Estas energías se manifiestan y se canalizan en forma personal. Estas fuerzas se presentan en una entidad biológica que significa algo trascendental, históricamente hablando. Por tanto, todo origen de los conflictos bélicos va más allá de aspectos meramente políticos y económicos, sino su origen también es metafísico. Lo que pasa afuera en una guerra, es reflejo de un nivel bajo de la conciencia social, “como es arriba, es abajo”. De esta forma, una de las formas de vencer las energías trascendentales es eliminando el egregor por medio de la destrucción de sus símbolos; atrapando, humillando o matando al líder; cuando los fieles modernizan los rituales y finalmente, dejando de alimentar con pensamientos e ideas dicho egregor. Desde esta perspectiva, las guerras son enfrentamientos de egregores donde se pretende eliminar uno de ellos, tal y como fueron aniquilados y ridiculizados, por ejemplo, Sadam Huseín (ahorcado) y Muamar el Gadafi (golpeado y linchado). Los egregores son motores de la historia y sus líderes son punta de lanza de un fenómeno cuyas raíces se encuentran en otros planos. Para que haya paz, debe haber paz interna; para que haya salud, debe sanar la célula. Es cuánto.